19 fosas conservan los restos de 56 civiles en las alturas de Chungui

 

2013/12/03

 

El arque√≥logo Dannal Arambur√ļ limpia restos √≥seos de lo que aparenta ser una mujer y su ni√Īa. Los an√°lisis confirman que a las dos les cortaron el cuello.

 

El arque√≥logo Dannal Arambur√ļ limpia restos √≥seos de lo que aparenta ser una mujer y su ni√Īa. Los an√°lisis confirman que a las dos les cortaron el cuello. ¬† Durante 10 d√≠as La Rep√ļblica acompa√Ī√≥ a un equipo de arque√≥logos y forenses del Ministerio P√ļblico en su recorrido por los parajes de la zona conocida como Oreja de Perro, en el distrito de Chungui, para recuperar los restos de ni√Īos y mujeres torturados y ejecutados en los a√Īos ochenta por los actores armados. Im√°genes de nuestro reportero revelan el grado de la violencia vivida en esta regi√≥n.¬†

 

Texto y fotos:  Miguel Mejía Castro

 

Lo primero que encuentran los forenses es el casquillo de un proyectil que lleva grabado en la superficie ‚ÄúFAME 77‚ÄĚ (F√°brica de Armas y Municiones del Ej√©rcito). Tres horas despu√©s, descubren bajo 15 cent√≠metros de tierra, el esqueleto de un menor pr√≥ximo a los 3 a√Īos. La osamenta a√ļn conserva la chompa roja que vest√≠a su cuerpo cuando respir√≥ por √ļltima vez en 1986, a√Īo que los sobrevivientes afirman ocurri√≥ la matanza en este paisaje conocido como Suyrurupampa. Otras cuatro fosas son ubicadas en el mismo lugar por el Equipo Forense Especializado del Ministerio P√ļblico (EFE). Toda el √°rea tiene el tama√Īo de una cancha de v√≥ley y lo escrutado aqu√≠ es espantoso: trece menores entre 2 y 16 a√Īos; y dos mujeres entre 25 y 40 a√Īos, probablemente fusilados y desmembrados, seg√ļn observan los especialistas en las lesiones de los huesos. Otro casquillo de fusil de guerra calibre 77 aparece.

 

La exhumaci√≥n se desarrolla en Chungui, un distrito de la provincia de La Mar en la regi√≥n Ayacucho donde murieron 1.384 personas entre 1983-1994, todos victimados por Sendero Luminoso, Comit√©s de Autodefensa y Fuerzas del Orden o Policiales, seg√ļn los c√°lculos del Ministerio P√ļblico. Es la expedici√≥n forense m√°s ambiciosa que se emprende en el Per√ļ y que ahora revela, en Chungui, el rostro m√°s horrendo de la violencia pol√≠tica.

 

Mientras los esqueletos de Suyrurupampa son limpiados en las fosas por los arque√≥logos, van aflorando ganchos de aluminio para cabello, ojotas de ni√Īa hechas de caucho, sujetadores para trenzas, un plato y una olla de metal. Adem√°s las osamentas a√ļn visten sus chompas, faldas y cintas multicolores. Pero lo que mejor se conserva es el color cobre de los casquillos de bala.

 

Aqu√≠ se llega despu√©s de viajar quince horas en camioneta desde Andahuaylas hasta el pueblo de Amaybamba en la regi√≥n Cusco. En este pueblo espera Valent√≠n Casa Quispe, un joven arriero de 36 a√Īos que carga en sus 10 ac√©milas todo el equipaje y herramientas para las exhumaciones. √Čl tiene un inter√©s adicional en apoyar las labores del equipo fiscal, porque cree que en una de las fosas se encuentran los restos de su madre asesinada en 1986, cuando era un ni√Īo de 9 a√Īos.

 

Con Valent√≠n se emprende una extenuante caminata de catorce horas por un sendero de herradura que desciende zigzagueando una pared del ca√Ī√≥n del r√≠o Apur√≠mac. Luego de cruzar el torrente por el puente Pumaccasa se penetra en Chungui, hasta ascender al pueblo de Huallhua, sobre los 2.284 msnm. El equipo de EFE fija una improvisada oficina donde se delinean los √ļltimos detalles. Es necesario caminar cinco horas m√°s al sur, para llegar a Suyrurupampa, donde se empiezan a explorar las primeras fosas.

 

Al caer la tarde en este paraje, se explora la cuarta fosa y dos anillos aparecen entre una osamenta. Valent√≠n asegura a los especialistas que ella fue su madre. √Čl recuerda que vio por √ļltima vez las oxidadas alhajas en los dedos su progenitora Elena Quispe Alarc√≥n, que fue ejecutada junto a su hermana Juana y la hija de esta. Parado frente a la fosa, Valent√≠n mira c√≥mo dos falanges desnudas cruzan las sortijas, pero no derrama ni una l√°grima. ‚ÄúHe llorado casi toda mi vida, aqu√≠ las enterramos mi padre y yo, dos d√≠as despu√©s de que la asesinaron los ronderos y una patrulla del ej√©rcito de Mollebamba‚ÄĚ, comenta.

 

El campamento que alberg√≥ al equipo por 4 d√≠as, a 80 metros de las fosas, es desmantelado, y regresa a Huallhua con el cargamento sobre el lomo de ocho ac√©milas. En una de las aulas de la √ļnica escuela primaria se guardan las osamentas en cajas de cart√≥n. En el mismo sal√≥n duermen doce de los veinticinco miembros del EFE, compuesto por antrop√≥logos, arque√≥logos, odont√≥logos, bi√≥logos y dos fiscales de Ayacucho.

 

CHAUPIMAYO

 

Al d√≠a siguiente la mitad del grupo se desplaza a Chaupimayo, un paraje de vegetaci√≥n enmara√Īada, clavado en medio de una monta√Īa a cinco horas de Huallhua. Un frondoso √°rbol de mango cubre con su sombra la denominada Fosa 2. El arque√≥logo Dannal Arambur√ļ lleva cinco horas delineando con su navaja, brocha y badilejo la escena del crimen. No es f√°cil desprender de la tierra las osamentas de lo que parece una mujer y su peque√Īa. Las ra√≠ces se han alimentado de ellas durante 29 a√Īos, penetrando las fibras de su vestimenta, los resquicios de sus articulaciones y las fisuras de sus cr√°neos, hasta encadenarlas al subsuelo.

 

Antes de terminar y guardar los restos en bolsas clasificadas, el arque√≥logo levanta un hueso del cuello, luego dos m√°s, los desempolva con un pincel y comenta: ‚ÄúFiscal, las incisiones en las v√©rtebras indican posible muerte por degollamiento‚ÄĚ. La ni√Īa¬† tiene alrededor de seis a√Īos y la mujer m√°s de 25. ‚ÄúLas edades se precisar√°n en el laboratorio‚ÄĚ, a√Īade. La fiscal Gloria Pareja Quispe, de la Segunda Fiscal√≠a Penal Supraprovincial de Ayacucho, anota en su cuaderno.

 

Eugenia Quispe S√°nchez (35) se present√≥ en el lugar y record√≥ el horror de esta masacre. ‚ÄúTen√≠a 7 a√Īos en 1984 y me escond√≠ en el monte cuando vi c√≥mo los militares mataron a mi hermana Juana Quipe S√°nchez (16) y aqu√≠, cerca del r√≠o me contaron que igual pas√≥ con variaspersonas y mi medio hermana Julia Montes S√°nchez (25) que muri√≥ con su beb√© de dos a√Īos‚ÄĚ.

 

La mujer se√Īala que los cuerpos de las dos √ļltimas cayeron por una quebrada, a las aguas del r√≠o Antaccacca. Un viejo comunero que prefiere que su nombre no sea publicado corrobora el testimonio, a√Īadiendo que los militares actuaron junto a los ronderos de la comunidad de Mollebamba, que dista a 24 horas de camino.

 

Las Fosas 3 y 4 se encuentran en el mismo paraje; aqu√≠ se exhuman los restos de dos mujeres, un hombre y partes de un cuerpo adulto de sexo no determinado. Las incisiones en las v√©rtebras confirman que el m√©todo de asesinato fue el degollamiento. Al d√≠a siguiente se devela la Fosa 1, que bajo dos metros de tierra esconde los cuerpos de 6 ni√Īos o ni√Īas y 4 mujeres. Un proyectil de fusil es encontrado entre los pies desmembrados de una de las v√≠ctimas. El √ļltimo cuerpo que se levanta es el de un menor de menos de un metro de alto, el cual lleva un sombrerito blanco y un peque√Īo bolso de lana roja que combina con su chompa del mismo color.

 

Cuando la sombra de las monta√Īas cubre nuestro campamento, la fiscal cree que el testimonio de Eugenia Quispe puede conducir al equipo a una posible quinta fosa. El arque√≥logo Dannal Arambur√ļ desciende 50 metros hasta la ribera del r√≠o Antaccacca sujetando una soga y empieza una b√ļsqueda metodol√≥gica. En veintinueve a√Īos la maleza y los derrumbes han cambiado el panorama. El experto observa el cascajo que cubre la tierra, el deterioro de las paredes del acantilado, y descarta posibles lugares en el suelo. Dos comuneros siguen sus √≥rdenes: levantan grandes piedras y realizan huecos con picos en lugares espec√≠ficos.

 

En pocos minutos una herramienta desentierra un pedazo de ropa. El hallazgo corrobora la versi√≥n de Eugenia: los restos de una mujer joven y de una ni√Īa con edad promedio de dos o tres a√Īos son encontrados junto a la osamenta de una adolescente. Otra vez las v√©rtebras del cuello est√°n grabadas con los cortes de un filudo metal.

 

Ca√≠da la noche retornamos otra vez a Huallhua, con lo rescatado sobre las ac√©milas. El filo de las monta√Īas reluce con la luna llena tambi√©n nuestro trayecto. Ellos retornar√°n. Otro grupo del EFE tuvo una labor similar en los sectores de Cclastopata, Yaconhuaicco, Huarihuaico, Chaquiccmayo y el cementerio de Huallhua. Las fosas exhumadas fueron 19, donde se hallaron 56 v√≠ctimas: 26 menores, 18 mujeres, 6 hombres y 6 adultos de sexo indeterminado.

 

‚ÄúCulpar a una persona de autor√≠a inmediata es muy dif√≠cil; no existen testigos en todos los eventos y podr√≠a prevalecer la presunci√≥n de inocencia contra el se√Īalamiento. En el proceso la responsabilidad de las ejecuciones recae en los mandos militares que ordenaron estas ejecuciones que s√≠ figuran con nombre propio en el registro del Ejercito‚ÄĚ, afirma la fiscal Glor√≠a Pareja.

 

CLAVES

 

Al comparar los censos de 1981 y 1993 en el distrito de Chungui, se constata un descenso de cerca de 47.5% de la población total (de 8,257 habitantes en 1981 a 4,338 en 1993). (CVR).

 

La CVR contabilizó 300 fosas solo en el distrito de Chungui; también calificó la violencia en la zona como la más "devastadora" de todo el país.

 

El contexto econ√≥mico es tan precario como en el periodo de violencia; el 78% de la poblaci√≥n es pobre, y hay 51% de pobres extremos, seg√ļn cifras del MIDIS.

 

El EFE tiene planeado exhumar un total de 48 fosas entre noviembre y diciembre, donde se exhumarán al menos 202 cuerpos, cuyas muertes se habían producido entre 1984-1989.

 

Los an√°lisis de laboratorio realizados el √ļltimo viernes confirman que las personas ejecutadas en Suyrurupampa fueron fusiladas con armamento de guerra

 

Fuente: La Rep√ļblica

 

 

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